CREATIVIDAD Y EMOCIONES
Cuando lo que sentimos encuentra una forma de expresarse
Hay emociones que sabemos nombrar.
Alegría. Tristeza. Enojo. Miedo. Entusiasmo.
Pero también existen emociones que simplemente sentimos y no sabemos explicar.
Una sensación en el pecho. Una inquietud. Una idea que aparece de repente. Una necesidad de cambiar algo. Un recuerdo que regresa. Una tristeza que no sabemos de dónde viene.
Y es precisamente ahí donde la creatividad puede convertirse en un lenguaje extraordinario.
Porque crear no siempre significa pintar un cuadro, escribir un libro o componer una canción.
Crear también puede ser cocinar una receta diferente, cambiar la distribución de una habitación, encontrar una nueva solución a un problema, combinar nuestra ropa de una manera inesperada, escribir unas líneas en una libreta, bailar, cantar, hacer jardinería, tomar fotografías, construir un proyecto o simplemente imaginar una vida diferente.
La creatividad aparece cada vez que somos capaces de mirar algo conocido y preguntarnos:
“¿Y si pudiera ser de otra manera?”
TODOS SOMOS CREATIVOS
A veces pensamos que la creatividad es un talento reservado para determinadas personas.
“El artista es creativo.”
“El diseñador es creativo.”
“El músico es creativo.”
“El escritor es creativo.”
Pero la creatividad forma parte de la capacidad humana para generar ideas, encontrar alternativas y establecer nuevas relaciones entre cosas que ya conocemos.
No necesitamos tener un título artístico para ser creativos.
Una madre que encuentra una manera diferente de organizar su casa.
Una persona que transforma una receta con lo que tiene en el refrigerador.
Alguien que inicia un negocio después de descubrir una necesidad.
Una persona que encuentra una nueva manera de resolver un conflicto.
Un adulto que decide aprender a tocar un instrumento después de muchos años.
Todo eso también es creatividad.
Crear es ejercer nuestra capacidad de imaginar posibilidades.
LAS EMOCIONES TAMBIÉN PUEDEN ALIMENTAR LA CREATIVIDAD
Durante mucho tiempo hemos querido clasificar las emociones en buenas y malas.
Alegría: buena.
Tristeza: mala.
Entusiasmo: bueno.
Enojo: malo.
Pero nuestras emociones son mucho más complejas.
Incluso las emociones difíciles pueden convertirse en materia prima para crear.
La tristeza puede llevarnos a escribir.
La nostalgia puede convertirse en fotografía.
El enojo puede impulsar una nueva idea.
La incertidumbre puede abrir preguntas.
La alegría puede llenarnos de energía para comenzar algo.
La investigación sobre emoción y creatividad muestra precisamente que la relación no es tan simple como pensar que solamente las emociones positivas favorecen la creatividad. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology encontró que tanto estados afectivos positivos como negativos podían favorecer la motivación para involucrarse en actividades creativas, aunque los efectos positivos fueron más fuertes en ese estudio.
Esto nos recuerda algo importante:
no tenemos que esperar a sentirnos perfectamente bien para crear.
A veces podemos crear precisamente porque estamos atravesando algo.
CREAR NO SIGNIFICA HUIR DE LO QUE SENTIMOS
Hay una diferencia importante.
La creatividad puede ayudarnos a expresar una emoción, pero no significa que debamos utilizarla para esconderla.
Pintar no necesariamente elimina la tristeza.
Escribir no necesariamente resuelve un duelo.
Bailar no necesariamente desaparece la ansiedad.
Y crear tampoco sustituye el acompañamiento profesional cuando una persona lo necesita.
Pero crear puede ofrecernos un espacio para darle forma a una experiencia interna.
A veces no podemos explicar lo que nos sucede, pero podemos dibujarlo.
No podemos hablar de algo, pero podemos escribirlo.
No sabemos qué estamos sintiendo, pero podemos poner música y dejar que nuestro cuerpo se mueva.
No encontramos las palabras, pero encontramos colores.
Y quizá después de hacerlo podamos comprender un poco mejor aquello que llevábamos dentro.
LA CREATIVIDAD NOS PERMITE CAMBIAR DE PERSPECTIVA
Una de las cosas más interesantes de la creatividad es que nos invita a mirar desde otro ángulo.
Y eso también puede ocurrir con nuestras emociones.
Cuando atravesamos una situación difícil, nuestra mente puede quedarse atrapada en una única interpretación:
“No puedo.”
“No hay salida.”
“Siempre será así.”
“No sé qué hacer.”
La creatividad introduce una pregunta diferente:
“¿Qué otra posibilidad existe?”
En psicología se ha estudiado la relación entre creatividad y reevaluación cognitiva, una estrategia mediante la cual una persona puede reinterpretar una situación emocional desde otra perspectiva. Investigaciones experimentales han encontrado una relación positiva entre la creatividad de esas reinterpretaciones y su eficacia para regular emociones negativas.
Esto no significa pensar positivamente a la fuerza.
Significa algo mucho más interesante:
aprender que una experiencia puede tener más de una lectura.
TU VIDA TAMBIÉN ES UN PROYECTO CREATIVO
Quizá aquí encontramos una de las ideas más poderosas para LIBRE.
No solamente somos creativos cuando hacemos arte.
También somos creativos cuando diseñamos nuestra vida.
¿Qué pasa si cuestionamos la manera en que hemos vivido hasta ahora?
¿Qué pasa si cambiamos una rutina?
¿Qué pasa si aprendemos algo nuevo?
¿Qué pasa si dejamos de hacer algo que ya no nos representa?
¿Qué pasa si reorganizamos nuestros espacios?
¿Qué pasa si buscamos una nueva manera de relacionarnos?
¿Qué pasa si descubrimos que la vida que queremos no tiene que parecerse a la vida de nadie más?
Crear nuestra vida no significa controlar todo lo que ocurre.
Significa reconocer que, dentro de las circunstancias que tenemos, existen decisiones que sí podemos tomar.
LA CREATIVIDAD NECESITA ESPACIO
Uno de los grandes enemigos de la creatividad es vivir permanentemente ocupados.
Cuando todo está lleno de pendientes, notificaciones, obligaciones, ruido y estímulos, nuestra mente tiene poco espacio para explorar.
La creatividad necesita momentos de pausa.
Caminar sin escuchar nada.
Observar.
Leer.
Conversar.
Aburrirse.
Estar en silencio.
Mirar por una ventana.
Cocinar sin prisa.
Escuchar música.
Escribir sin intención de publicar.
Hacer algo simplemente porque nos gusta.
No todo tiene que producir dinero.
No todo tiene que convertirse en contenido.
No todo tiene que ser útil.
También necesitamos crear por el simple placer de crear.
¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE HICISTE ALGO SIN SABER CÓMO TERMINARÍA?
Esta pregunta puede ser reveladora.
Porque la creatividad implica cierta tolerancia a la incertidumbre.
Cuando comenzamos algo creativo, normalmente no sabemos exactamente cuál será el resultado.
Comenzamos con una hoja en blanco.
Un lienzo.
Una receta.
Una idea.
Una habitación que queremos transformar.
Un proyecto.
Una melodía.
Y poco a poco vamos descubriendo qué quiere convertirse en aquello que estamos haciendo.
Quizá la vida funciona de manera parecida.
No siempre tenemos que conocer el resultado antes de comenzar.
A veces necesitamos comenzar para descubrirlo.
RECUPERAR AL ADULTO CREATIVO
Cuando somos niños, creamos sin preguntarnos si somos buenos.
Dibujamos.
Cantamos.
Inventamos historias.
Construimos cosas.
Nos disfrazamos.
Bailamos.
Preguntamos.
Experimentamos.
Y un día comenzamos a escuchar:
“Eso no se hace así.”
“No sabes dibujar.”
“Eso está feo.”
“Eso no sirve.”
“Ya estás muy grande para eso.”
Y poco a poco podemos dejar de crear.
No porque hayamos perdido nuestra capacidad.
Sino porque comenzamos a tener miedo de ser juzgados.
Por eso recuperar la creatividad en la adultez también puede significar recuperar algo de nuestra libertad.
Volver a hacer cosas sin necesitar ser expertos.
Permitirnos equivocarnos.
Probar.
Cambiar.
Empezar nuevamente.
Y recordar que no todo lo que hacemos necesita ser perfecto para tener valor.
CREAR TAMBIÉN ES CONOCERNOS
Hay algo que sucede cuando creamos:
comenzamos a descubrir nuestros propios gustos.
Qué colores elegimos.
Qué sonidos nos emocionan.
Qué texturas buscamos.
Qué temas nos interesan.
Qué historias queremos contar.
Qué espacios nos hacen sentir bien.
Qué actividades nos dan energía.
Y qué cosas ya no queremos hacer.
Por eso la creatividad puede convertirse también en una forma de autoconocimiento.
Cuando dejamos de crear para agradar y comenzamos a crear para expresarnos, aparece algo muy valioso:
nuestra propia voz.
Y esa voz no necesariamente necesita ser pública.
Puede existir solamente para nosotros.
LA CREATIVIDAD COMO ACTO DE LIBERTAD
Quizá crear sea una de las formas más sencillas de recordar que no somos solamente espectadores de nuestra vida.
Podemos participar.
Podemos transformar.
Podemos experimentar.
Podemos equivocarnos.
Podemos cambiar de opinión.
Podemos volver a empezar.
Podemos imaginar.
Y podemos construir.
La creatividad no promete que nuestras emociones difíciles desaparecerán.
Tampoco significa que todo problema pueda resolverse creando.
Pero sí puede ofrecernos algo profundamente humano:
un espacio donde aquello que sentimos puede encontrar una forma.
Una palabra.
Un dibujo.
Una canción.
Una fotografía




No Comment! Be the first one.